viernes, 28 de septiembre de 2007

SERGIO LARRAIN, EL ENCLAUSTRADO

Un buen amigo me recomendo la obra de este destacado fotógrafo nacional, que sorprende por su impecable composición, tiros de cámara, encuadres, formas, cuerpos, situaciones cotidianas y del buen trabajo del blanco y negro, pero sobretodo de ese instante eterno.


Sergio Larraín Echeñique nace en Santiago de Chile en 1931. Hijo de un arquitecto de reconocido prestigio. En 1948 viaja a Estados Unidos donde estudia en varias universidades ingeniería forestal. Estudios que no le satisfacen.

En ese país adquiere su primera cámara fotográfica una Leica IIIC. En 1951 vuelve a Chile y comienza a fotografiar. También aprovecha un viaje familiar que dura ocho meses por Europa y Oriente Medio (Egipto, Israel, Estambul, Grecia, Italia, España, Inglaterra, Francia,...).

En 1956 envia un portafolio al Museo de Arte Moderno de Nueva York, le compran dos fotografías el cheque viene firmado por Stiechen.

En 1959, Cartier-Bresson le anima a formar parte de Magnum y se va a Europa a probar suerte. Pasa varios años trabajando para diversas revistas europeas. Colabora con Pablo Neruda en una edición de un libro sobre su casa en Isla Negra.

Desde finales de los años sesenta vive en Olave, un pueblo de la cordillera chilena, cerca de Valparaíso, casi por completo apartado del mundo de las imágenes.

Su máxima sobre la fotografía, según sus palabras: " solo se consiguen buenas fotos cuando uno hace lo que de verdad le interesa, o sea, escoger uno mismo sus temas ... dibujar con lápiz y un bloc es la mejor manera de entrar en un tema ... trabajar sin tiempo, durante meses, años, hasta sentir que uno lo ha logrado ... es lo que da fotos que se sostienen ... en general los trabajos de encargo no dan fotos buenas realmente ... es como la poesía, uno debe hacer su gusto, nada más ...".

(Extracto de la presentación de Josep Vicent Monzó para la exposición de Sergio Larrain llevada a cabo en Valencia - España en 1999).

EL ENCLAUSTRADO.

Iba al colegio Saint-George o San Jorge, como lo llamábamos de niños, para contrarrestar el deseo de los sacerdotes de la Holy Cross. Estos últimos eran tratables, pero pocos entre ellos hombres cultivados. Algunos profesores locales eran eximios, como los del último ciclo (alumnos entre los 14 y los 17 de edad) Roque Esteban Scarpa y Mario Góngora, que también hacían clases en el Pedagógico de la Universidad de Chile.

El Queco Larraín era flaco, no muy alto, y caminaba a trancos largos en las puntas de los pies. Vivía con sus padres y hermanas en una casona dentro de un arbolado, en el gran triángulo entre el canal San Carlos y el río Mapocho, donde comienza la avenida Providencia. Se dedicó, a la salida del colegio, a sus notables fotografías.

Casi 30 años después supe en París la historia o leyenda de una fotografía suya, tomada ahí, precisamente en l`Ile-Saint-Louis, detrás de la isla de la Cité, mirando al ábside de Notre-Dame. Captó, sin darse cuenta claramente de la escena, un acto de malas costumbres que registró al revelar el negativo de la foto.

Julio Cortázar, el sorprendente escritor argentino, en París conocía al Queco, y era a su vez frecuentador de la isla Saint-Louis. Supo del hecho y de la fotografía. Se interesó mucho y escribió su cuento "Las babas del Diablo", famoso apenas publicado.

El célebre cineasta Anoniono, leyó el cuento atroz de Cortázar, sabrá en qué lengua-pues fue muy traducido- y fundándose en él, como lo reconoce en los créditos de la película, filmó en inglés Blow-up, transformando el episodio en una foto de delito, en un parque de otra ciudad, que al revelarse el negativo e ir ampliando la fotografía sucesivamente, cada vez más grande, permite que el mayor ejemplar, marcado por los puntos de la ampliación, revele- en otra acepción de esta palabra-, o que había ocurrido.

Han pasado casi otros treinta años, y estamos en Chile. Sergio Larraín vive, casi enclaustrado, en un valle transversal del norte chico. Escribo esto en Santiago, casi enclaustrado. No me acuerdo bien si conocí la historia de aquella fotografía tomada en la isla del Sena, por Julio Cortázar en París, o si me la relató algún amigo, o si yo me la inventé una tarde en el largo aburrimiento desesperado del exilio, que vivimos en l`Ile-Saint-Louis.

Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura 2004.-