sábado 17 de mayo de 2008

VOY Y VUELVO

Voy y Vuelvo, fue la frase que escuche mientras ojeaba un libro de bolsillo que compre a bajo costo y por casualidad en una feria de libros usados. Como el día estaba nublado me sente en un sillón que da a la ventana que encuadra la vida cotidiana de la calle. Deteniendome, de vez en cuando, a mirar a los transeuntes que a esa hora escapan de las rebeldes gotas que se descuelgan de las nubes. Cuando termine el primer capítulo, razone que poco o nada habia comprendido. Guarde el libro en el lugar para que fué diseñado y camine por el pasillo en dirección al patio. A través de un ventanal observe un grupo de personas que compartian refinados tragos, exquisitas comidas y aromáticos cigarrillos. El jolgorio no deja más espacios para invitados, pense. Asi que preferi guardar distancia del evento y sólo me fije en una puerta de la que nunca antes me habia percatado. De madera noble, se levanta al centro de la muralla y a un costado de esta se erguia un malentonado cardo.
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Debo ser sincero, fue lo primero que pense. Aquella puerta solo me causa distanciamiento pues siento que destrás de ella se encuentra la nada, donde sólo habitan haces lumínicos que me llevan a la ceguera del conocimiento. Entonces preferi resguardarme al interior de la casa. En verdad desie sumarme a la fiesta pero a la vez senti que si pasaba el umbrar de la puerta que une el interior de la casa con el patio no podre renunciar y volver jamas. A cambio de tal riesgo, sólo me queda dialogar con los animados invitados logrando completar la búsqueda del conocimiento, pero insisto, no podre regresar y solo tendre la posibilidad de terminar pasando a la nada.
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Hace tiempo que no duermo siesta, me refute intentando de escapar a la encrucigada. Empero no, volvio nuevamente y con más impulso esa unica interrogante. Pasar al conocimiento siendo presa de este y sin derecho a ulterior reclamo. Regrese al mismo sillón de un principio, donde ahora sólo me queda la posibilidad de contemplar ese espacio vacío de la realidad enmarcada de mi ventana. De tanto meditar interpuse la siguiente opción; el conocimiento como espacio cerrado o el conocimiento como espacio abierto. En fin, me anime con actitud de resignación y me dispuse a pasar el umbral.
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Si todo fuera sencillo, recuerdo que fue lo último que rezongue en el trayecto. Antes de pasar mire a mí alrededor buscando algun motivo para desistir de mi decisión. Afortunadamente una mujer que descansa sentada en un sillón junto al umbral y con un vaso de cerveza, me miro. Y bueno, la mire esperando algun gesto para desistir. Nuevamente no. Ella se levantó y se unió al grupo de sabios festivaleros. Ahora por primera vez sentí que me encontraba absolutamente solo en el interior de la casa y para peor teniendo que reafirmar mi decisión.
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Voy y vuelvo, le señale a la mujer que me esperaba en el patio y decidi devolverme presuroso a cerrar la ventana de la sala de estar donde el fuerte aguacero intentaba colarse. Sali a la calle pensando que debo dejar de creer en sandeces y creer más en las intuiciones pues por ahí se encuentra mi verdadera apuesta del conocimiento como espacio abierto. O mejor, debo dejar se soñar tonteras luego de haber ojeado un libro que me ha llegado de rebote.

HENRI CARTIER-BRESSON
22 de agosto de 1908
- 2 de agosto de 2004

PD: El anterior relato es el fruto de un verdadero sueño. Sandeces para algunos!