de Roque!
Cuenta la historia no contada que por los sinuosos callejones de un puerto, vagaba tambaleante un hombre de mechas tiesas, bigote, paleto gris y bufanda. Acudía diariamente a un restauran a servirse su caña de vino o en situaciones más tristes, una botella de mal aliento. Pero hubo un día, que despabilando como siempre, se sentó frente a un pávido. Se saludaron sin dar nombres. Conversaron, fíjese; de aventuras, viajes y simplicidades. Más avanzada la noche de lo político, de lo amoroso, de lo traicionero. El primero rescataba el vaso medio vacío y el otro el medio lleno de la conversación. El más tristón no creía las aventuras del primero que recordaba las mil y una pellejerías que había sufrido en su patria.
Anótese su siguiente reflexión.
Anótese su siguiente reflexión.
- Patria mal fundada como esta no ha existido nunca, somos un puñado de tierra baldía en las posteridades del mundo –
- No sea tan cascarrabias - le replico el tristón.
- Acaso le ha dado algo a usted, educación, salud, vivienda... ¿Anda apurado? – tomándolo del antebrazo.
- No, hoy, no. -
- Entonces, me presento. Rudy Palacios. Le contare las desventuras de un huacho. – sellaron su amistad con un apretón de mano.
Rudy llamo al mesero, le indicó una nueva corrida para los dos, bebió algo apurado y comenzó a batir la lengua.
Llegue a este puerto muy joven, octubre del `88, cuando nos debatíamos si SI o si NO. Como ha de saber, venció el No. No porque fuera la mejor alternativa, eso por esto días ya esta claro, si no por algo mas simple. El No representa nuestra mejor definición identitaria, la negación.
- Por ejemplo usted aun no me dice su nombre.
- Zeverino, dejémoslo hasta ahí nomás.
Bueno, la cosa que llegue sin destino claro, así que rápidamente localice una pieza barata de un cite ($ 30.000 mes cumplido). Durante la primera semana me dedique a conocer la ciudad e intentar conseguir trabajo. Nada. La segunda semana intente encontrar trabajo. Nada. La tercera semana encontré trabajo. Ayudante de cocina, como lo ve. No, no diga nada.
Entonces comencé a disfrutar de esta nueva vida; pague el mes de la pieza, compre en una feria de cachureos un velador y un espejo. Pude hacerme de una despensa y comenzar a comer bien, entre comillas. Ya no remojaba cuatro veces la bolsa del té, me di el lujo una noche de usar una, sola una vez. Ya no compraba el pan duro de la mañana y lo calentaba en la tarde. No. Compraba pan fresco.
Llegue a este puerto muy joven, octubre del `88, cuando nos debatíamos si SI o si NO. Como ha de saber, venció el No. No porque fuera la mejor alternativa, eso por esto días ya esta claro, si no por algo mas simple. El No representa nuestra mejor definición identitaria, la negación.
- Por ejemplo usted aun no me dice su nombre.
- Zeverino, dejémoslo hasta ahí nomás.
Bueno, la cosa que llegue sin destino claro, así que rápidamente localice una pieza barata de un cite ($ 30.000 mes cumplido). Durante la primera semana me dedique a conocer la ciudad e intentar conseguir trabajo. Nada. La segunda semana intente encontrar trabajo. Nada. La tercera semana encontré trabajo. Ayudante de cocina, como lo ve. No, no diga nada.
Entonces comencé a disfrutar de esta nueva vida; pague el mes de la pieza, compre en una feria de cachureos un velador y un espejo. Pude hacerme de una despensa y comenzar a comer bien, entre comillas. Ya no remojaba cuatro veces la bolsa del té, me di el lujo una noche de usar una, sola una vez. Ya no compraba el pan duro de la mañana y lo calentaba en la tarde. No. Compraba pan fresco.
- Disculpe Zeverino, se le ve molesto - Le indicó gentilmente.
- Pues claro, aun hoy hago esas cosas.
- Lo comprendo, a usted tampoco le llego la alegría - Ingirió maliciosamente.
Así comenzaron a circular mis días. Trabajaba de noche y dormía de día. Almorzaba en el local y no tenía ni tiempo para respirar. El dinero, lo iba guardando y guardando, sin saber en que ocupar. Sólo aspiraba ha subir de rango, quería ser maestro de cocina pero antes debía morir el que estaba, un viejo con más de treinta años de servicios, igualmente lo respeto fue como mi padre. Así que la alegría se comenzó a prolongar, a prolongar. Mientras tanto invente nuevos pasatiempos; noche, alcohol, bailes, mujeres. ¡Que bellos años! ¡Pero de Alegrías las bolas!
Sergio Larraín
Valparaíso, Chile, 1963

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